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Gardey, breve historia

La región del Chapaleofú era de un potencial pecuario notable y no desconocida a los ojos porteños. Pero también es cierto que estaba ocupada por los aborígenes, establecidos firmemente como lo demuestran las numerosas construcciones de piedra aún existentes en la zona y donde se desarrollaba un importante intercambio intertribal y con los comerciantes del norte del Salado, que tuvo su momento regional de mayor esplendor en la denominada “Feria del Chapaleofú” entre 1770 y 1820 aproximadamente, cuando esa situación de paz y buenas relaciones comienza a deteriorarse, debido principalmente al creciente interés de sectores de Buenos Aires.

Tan sólo habían transcurrido diez años de la Revolución de Mayo y las luchas independentistas habían elevado notablemente los gastos de los ejércitos. Cerrados los mercados del Norte y del alto Perú, cobró gran importancia, como fundamental generadora de ingresos, la comercialización de derivados de la producción ganadera, pero para ello era necesario poseer más tierras explotables. Adquirió enorme trascendencia estratégica entonces extender la frontera sur.

En diciembre de 1820, Martín Rodríguez con la supuesta intención de reprimir agresiones aborígenes, partió hacia Tandil con las tropas que había reunido, deteniéndose varios días para reconocer detalladamente la zona de las Horquetas del Chapaleofú. Con esta expedición se logra la primera base documental fehaciente de la zona, ya que fueron exploradas varias leguas en las inmediaciones del Chapaleofú iniciándose así el conocimiento oficial de estos sitios y es a partir de ese momento que se produce un corte, que cambia totalmente el orden que durante años había reinado provocando que los aborígenes abandonaran las fértiles tierras que habían ocupado, desapareciendo la feria del Chapaleofú.

Siguiendo dicha política, el Coronel Pedro Andrés García urgentemente presentó el 26 de noviembre de 1821 un informe previo a una nueva expedición que inició el 6 de marzo de 1822 y en él planteaba extender la línea de la frontera sur a una posición considerablemente más alejada del río Salado, pero al regresar de la misma el 1º de junio de ese año, elabora un informe donde proponía que la misma debía ubicarse poco más allá de la unión de los arroyos Chapaleofú, aconsejando instalar una “Guardia Secundaria” en las faldas de la sierra del Tandil, aproximadamente en el lugar en que dos meses después el gobernador Martín Rodríguez estableciera el Fuerte Independencia. Este inicia su segunda expedición en marzo de 1823, alcanza las puntas del Chapaleofú, reconoce toda la zona y luego determina junto con el ingeniero José María de los Reyes y el oficial ingeniero Ambrosio Crámer el lugar donde se instalaría el fuerte con el nombre de “Independencia”, comenzando los trabajos el 4 de abril, y aquí resulta oportuno destacar que sin duda el motivo fundamental de tal empresa, era el interés que habían despertado las excelentes tierras de las Horquetas del Chapaleofú, que según el decir del Coronel García contaban con “ricas aguas, formando senos y diferencias de nivel, que harían progresar los establecimientos de ganadería y labranza, y fomentarían un pueblo, el mas hermoso en toda la cadena”, y el porque de la ubicación del fuerte distante unas 5 ó 6 leguas de allí estaba dado por los argumentaciones técnicas y de seguridad que así lo aconsejaban, adicionándose además el previsor cálculo de que el futuro asentamiento no ocupara las tierras más fértiles y productivas que tanto interesaban.

La población que se asentó en los alrededores de la fortaleza, dio origen a la ciudad de Tandil y se relacionó directamente con el pago del Chapaleofú. Entre las personas que llegaron estaba Pedro J. Vela, que había acompañado la cruzada de Rodríguez siendo uno de los pulperos ambulantes que abastecían a la fuerza militar.

Rodríguez al poco tiempo trae a estas serranías a los hermanos Ignacio y José Ramón Gómez quien era casado con Pilar López Osornio, prima de don Juan Manuel de Rosas. Efectuada la mensura de las tierras fueron distribuidas casi en su totalidad y en enero de 1830 el Gobierno provincial concede en enfiteusis a Don Pedro P. Ponce un terreno situado en la “orqueta de los dos Arroyos” (sic), quien en 1834 cede su derecho a D. Pedro J. Vela.

Rosas, finalizado su primer período de gobierno realizó una expedición hacia el sur tendiente a solucionar todos los problemas con los indios, y en esa tropa marchaban el Coronel Martiniano Rodríguez y Gregorio Guerrico quienes recibieron como premio por los servicios prestados 4 y 5 leguas cuadradas en propiedad, constituyénse éstos en los primeros titulares dominiales, o sea realmente propietarios de la tierra en Las Horquetas del Chapaleofú.

Al reasumir Rosas el mando político de la provincia en 1835, vende parte de las tierras que anteriormente habían sido entregadas en enfiteusis y en tal circunstancia Pedro José Vela en diferentes operaciones adquiere todas las tierras de las “Horquetas del Chapaleofú”, inclusive las e Martiniano Rodríguez y Gregorio Guerrico.

En febrero de 1852, se produce la caída de Rosas, y poco después, en agosto, Josefa Montes de Oca le vende a Pilar López Osornio, la prima de Rosas, más de siete leguas cuadradas. Sobre esa superficie que abarcaba desde la margen oriental del Chapaleofú hasta el éjido de Tandil, ésta útima forma el establecimiento “El Pilar”, cuyo nombre comienza a ser utilizado para identificar la zona.

Por aquel entonces llega a Tandil Juan Gardey junto a sus hermanos, comenzando una dura actividad como carrero y mercachifle e inaugura un almacén, frente al todavía existente Fuerte, en la esquina de las actuales calles Rodríguez y General Belgrano. Este comercio en poco tiempo progresó notablemente.

Cada día se alejaba más y más aquel orden imperante durante la administración rosista que había facilitado el importante crecimiento del sector ganadero. Se incrementan las incursiones de los indios y debido al constante estado de conflicto interno y a la guerra con el Paraguay, eran muy limitados los recursos asignados a los pueblos de frontera permitiendo los malones aborígenes.

A fines de 1875 comienza en la zona una serie de invasiones que se prolongan casi por dos años. Tiempos muy duros para quienes habían sentado allí sus establecimientos. Namuncurá y Catriel inquietan a toda la comarca.

A todo esto fallecido don Pedro J. Vela, corresponden por derecho sucesorio a su esposa Petrona Vasquez de Vela las tierras ubicadas en “Las Horquetas del Chapaleofú” que a su muerte se dividen entre sus herederos. La parte que nos interesa pasa a poder de su hija Petrona Vela de Valdivieso.

El 19 de agosto de 1883 el Ferrocarril del Sud inauguró el tramo final de Ayacucho a Tandil y ese mismo año inicia el proyecto de prolongarlo a Juárez proponiendo la instalación de una estación en el kilómetro 356, que se llamaría Pilar. En ese contexto, la señora Petrona Vela de Valdivieso le vende una superficie de 37 hectáreas con destino a vías y estación.

En forma resuelta comienzan los trabajos, y en 1884 se anunciaba que los rieles ya llegaban al Chapaleofú. El 8 de marzo de 1885 se inauguró el ramal quedando desde el día siguiente abierta la línea al servicio público, considerada de gran importancia a nivel provincial.

Petrona Vela de Valdivieso, había vendido sus tierras a Justiniano Posse y en 1890 esas 5399 hectáreas, en cumplimiento de un pacto de retroventa, son transferidas a Armindo Valdivieso, comenzando a denominarse como “Las Horquetas”. Valdivieso el cinco de octubre de 1891 se las vende a Juan Gardey al precio de $ 180.000 m/n.

El gobierno de la provincia de Buenos Aires el 19 de agosto de 1895 modifica el nombre de Pilar por el de Gardey a la estación ferroviaria, respondiendo así a la identificación que se hacía en ese momento de la zona, por ser Juan Gardey propietario de los campos que la rodeaban.

Fiel a las características emprendedoras de su origen bearnes, Juan Gardey acomete la construcción frente a la estación Gardey de una sucursal del próspero almacén que poseía en Tandil con el nombre de “Almacén y Tienda Las Horquetas”.

Ocurrido el fallecimiento de Juan Gardey, en el juicio sucesorio se adjudicó el condominio a sus hijos Eduardo y Emilio el campo “Las Horquetas”, y el negocio de Ramos Generales a su vez pasó a ser dirigido por la Sociedad Peyré y Gardey, integrada por los señores Santiago Peyre, que se hizo cargo del Almacén de Tandil, y Juan Gardey, el sobrino del fundador que continuó dirigiendo la sucursal instalada en la estación Gardey.

Si bien Gardey ya estaba integrada a la red troncal ferroviaria, en 1908 nació el ramal a Cooper, llamado de “Las Calaveras” y compuesto por las estaciones Azucena, Barker, La Negra, Claraz, Juan N. Fernández, Lumb, Cooper, continuándose luego por Ramón Santamarina, Energía, Cristiano Muerto y Orense. De esta manera, Gardey se constituía en el núcleo de una notable circulación económica.

Los hermanos Gardey construyen en “Las Horquetas” una lujosísima casa y en abril de 1908 se dividen el condominio de varios bienes que poseen, adjudicándose a Eduardo, dos de las fracciones de ese establecimiento sumando un total de 2.533 hectáreas.

En 1912, cuando ocurre la caída de la “Piedra Movediza” de Tandil, Eduardo Gardey le vende a Adriano Dithurbide las dos fracciones de campo de su pertenencia que formaban parte de “Las Horquetas” y el 25 de octubre de ese año, éste se las negocia a Pablo Guglieri, un italiano llegado al país en 1885 que había tenido una activa participación en la fundación de Daireaux. Guglieri otorga un poder especial a don Juan Salduna para que en su nombre y representación realice todas las gestiones necesarias relativas a esta operación y además comience a llevar adelante lo esencial para la fundación de un pueblo. Complicado, pero lo cierto es que aquella tozudes biarnesa que había traído Juan Gardey más la fuerza emprendedora de la sangre piacentina de Pablo Guglieri, estaban fusionándose para hacer nacer un nuevo pueblo.

En marzo de 1913, Juan Salduna presenta ante el Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires en nombre de Pablo Guglieri la solicitud de autorización necesaria para fundar un centro de población sobre la estación Gardey del F.C. Sud.

El Departamento de Ingenieros realiza una serie de observaciones que son aceptadas por el señor Salduna en representación de Guglieri, quien en nota del 5 de abril, propone:

“Que como nombre del centro encuentro que es conveniente conservar el de Gardey a inmediaciones de cuya estación esta situado”.

recibiendo como respuesta del Poder Ejecutivo provincial, la resolución del 7 de abril de 1913 que establecía:

“Aprobar los planos presentados por don Pablo Guglieri para la fundación de un pueblo en el partido de Tandil, el que se denominará “Gardey”.

considerándose esa fecha como de fundación de la localidad.

Seguidamente “La Ganadera” concreta el domingo 27 de abril de 1913, el primer remate de las tierras del “Centro de Población Gardey” sobre los mismos terrenos. Tandil y sus autoridades mientras tanto ignoraban lo que ocurría a pocos kilómetros de distancia. Tan solo el periódico “El Eco de Tandil” publicó recién el domingo 28 de septiembre de 1913 el siguiente anuncio:

“FUNDACION DE UN PUEBLO

El P.E. ha resuelto aprobar el replanteo del pueblo Gardey, en Tandil, efectuado por el agrimensor Luis Monteverde, debiendo el interesado escriturar a favor del fisco las reservas correspondientes”.

Posteriormente, “La Agrícola Ganadera S.A” anunciaba que el domingo 5 de abril de 1914 remataría en el Pueblo Gardey, la parte que había quedado sin venderse del nuevo pueblo, destacando que era una oportunidad única de hacerse propietario.

El edificio original de la escuela identificada como “Provincial Nº 19”, fue hecha construir directamente por Guglieri y habilitada el 1º de octubre de 1914, siendo su primer maestro el jóven Ciro Tapia. En cuanto al alumbrado público, la turbina que se instaló en el arroyo Chapaleofú Grande, originalmente prevista para suministrar al pueblo energía eléctrica, solamente abasteció a la estancia “Las Horquetas”.

En ese año 1914, el dispositivo de la Primera Guerra Mundial comienza a moverse. Allí acudió Guglieri en ayuda de sus paisanos. En sus campos en Gardey, en la porción que aún no había vendido continuaba manteniendo su preferencia agrícola, por lo que realizó buenas cosechas, parte de las cuales se transformaron en cargamentos de trigo enviados como asistencia a su tierra natal durante los años de conflicto, y esto autoriza a afirmar que si La Argentina acertadamente había recibido años antes el calificativo de granero del mundo, bien eran las tierras de Gardey en esta circunstancia generadoras del alimento para los más necesitados del mundo.

En ese marco, Guglieri –que era considerado uno de los estancieros locales más importantes- vende en 1919 a Indalecio Mendiberri la parte principal de “Las Horquetas” que aún mantenía en su poder, una superficie de 1245 hectáreas, continuando luego lentamente con las ventas en el sector urbano.

Hoy, a poco más de ochenta y nueve años de su fundación, Gardey cuenta con una población de 632 habitantes y unas 220 viviendas edificadas en su planta urbana constituyendo un típico pueblo de la campaña bonaerense. En muchos aspectos, es evidente que no respondió a las expectativas expresadas en 1914, pero en lo atinente a lo educacional lo ha superado plenamente, ya que de la primitiva escuela se ha pasado en marzo de 1980 a un sistema de Concentración escolar, que reúne diariamente unos 450 alumnos provenientes de zonas aledañas.

JORGE MIGLIONE
Gardey, 9 de julio de 2002

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